Natal

Ayer llegamos a natal, luego de un viaje que de acuerdo a mi sensacion fue exrremadamente largo.
Decsan pablo fuimos a brasilia y de brasilia a natal.
Natal queda al norte de brasil.
La playa se llama ponta negra.
Y ayer recorrimos toda la costa de noche y de dia.

Los justos – Borges -publicado en 1981

Un hombre que cultiva un jardin , como queria Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya musica.
El que descubre con placer una etimologia.
Dos empleados que en un cafe del sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipografo que compone bien esta pagina, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los terceros finales de cierto canto.
El que acaricia un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razon.
Esas personas que se ignoran estan salvando el mundo.

Cuando se pierden las ganas — Angel Gabilondo

De nuevo, al empezar el año, es decisivo echarle ganas a la vida, a los días, pero desconfío de quienes sólo hacen las cosas cuando tienen ganas y de quienes dejan de hacerlas si carecen de ellas.

Que sean necesarias no significa que uno se rija por sus antojos. Parecería que la última razón fueran esas ganas. Y estas,imprevisibles y caprichosas, irrumpirían sin criterio definido. Algunos requerirían cada mañana hacer un escrutinio, un examen, para comprobar si las tienen o no, por ejemplo, de trabajar, o de realizar la concreta tarea que aguarda, o de ser amables.

Bastaría aducir que hoy tengo un mal día, sin que ello obedezca a especiales razones, a fin de encontrar la coartada adecuada para resultar desatento o inoperante.

No es difícil reconocer que siempre podemos hallar buenos motivos para decir frases de ese tipo, ni cuesta hacerse cargo de que hay estados de ánimo que pretenden imponerse, ni cabe ignorar que puede haber causas claras que efectivamente paralizan.

Pero, tal vez, hemos de dar un paso más. En primer lugar, para reconocer que eso de las ganas que uno ya tiene de antemano es menos consistente de lo que suele decirse. Y, por otro lado, para subrayar que cabe ejercitar la voluntad, a través de la convicción y de la decisión.

Si todo es puro estado de ánimo y esperamos que una luz desbordante ilumine y entusiasme nuestras mañanas, es improbable que nos levantemos.

Ahora bien, podemos nutrirnos de buenas razones, de buenos motivos y sobre todo ser menos exigentes para con el sentido de nuestras acciones, como si estas hubieran de tenerlo siempre de modo absoluto y previo y uno hubiera de descubrirlo y conocerlo antes a fin de movilizarse.

Un mismo hecho puede resultar absolutamente diferente por el sentido que le otorguemos. Echarle ganas, como tantas veces reivindicamos, no es exactamente tenerlas. Y es esto lo que ahora añadimos. Puede resultar que pongamos incluso aquello de lo que carecemos.

No esperemos que nos lleguen para hacer. Las ganas, como las gracias, sólo se tienen si se dan. Irrumpen en la acción y no es indispensable que las sintamos con anterioridad. Bastan los motivos. Ellos, como la palabra dice, son los que mueven, los que movilizan, los que emocionan.

En numerosas ocasiones es hasta injusto que tengamos esta capacidad para sentirnos desgraciados y tan poca para reconocernos agraciados.

Ciertamente, no es fácil tener fuerzas y razones, pero estas, no pocas veces, nos llegan de los demás, de esas vidas realmente admirablesde quienes en contextos mucho más complejos y extremos son capaces de luchar por sobreponerse a sus estados de ánimo.

Este juego entre el perder y el ganar hace que paradójicamente las ganas perdidas sean la ocasión para dotarse de armas y de valor para batirse en la vida.

Efectivamente, también se puede ganar si se carece de ellas, si se hace de la constancia, de la insistencia, del oficio el modo de dar ganas, incluso a los otros.